LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA EN COLOMBIA

 

Cómo maximizar los recursos actuales, lograr la transición y no morir en el intento

 

Algunos señalan que la transición energética consiste en el cambio del modelo existente de producción de energía proveniente de fuentes de producción contaminantes y no renovables, a un nuevo modelo proveniente de fuentes no contaminantes y renovables. Otros añaden que dicha transición debe involucrar un uso más racional y eficiente de los recursos asignados disponibles.

¿Cuál es el camino hacia una transición energética en Colombia?

Para poder diseñar un cambio estructural en nuestra matriz energética que nos permita avanzar hacia un consumo más racional y menos contaminante de energía, es preciso conocer las fuentes de energía utilizadas actualmente, así como los sectores de mayor consumo y las fuentes asociadas a estos.

En Colombia la UPME hizo un estudio del Plan Energético Nacional 2019 donde realizo una radiografía del consumo hoy del país en materia energética [1]

De acuerdo con este estudio, el sector de transporte se lleva el mayor peso del consumo energético con un 43% del consumo total de energía, seguido por el sector industrial con un 24% y el sector residencial con un 22%. En otras palabras, el sector Industrial y de transporte se llevan un no despreciable 77% del consumo total de energía nacional, y si le sumamos el sector residencial tenemos que estos tres unidos consumen un 89% del total.

El estudio en comento señala también que de ese 43% correspondiente al sector transporte, el sector utiliza en un 91% el petróleo y sus derivados, seguido por los bio combustibles con un 5% y el gas natural con un 4%, mientras que el porcentaje de uso de electricidad es tan bajo que es residual.

Si se analiza el segundo sector, el Industrial, tenemos que las fuentes de energía utilizadas en dicho sector se descomponen es 35% de gas natural, 29% de carbón, 19% de electricidad, 15% de bio combustibles y 2% de petróleo.

Ahora para el tercer sector de mayor consumo, el sector residencial tenemos que los bio combustibles se utilizan en un 41% como fuente de energía, la electricidad en el 33%, el gas en el 19%, el petróleo en el 6% y el carbón 1%.

Con la anterior información podemos entonces concluir lo siguiente:

 

  1. El 64% del consumo energético en Colombia proviene de energías no renovables como petróleo y sus derivados, gas y carbón. Lo anterior sin mencionar que la electricidad que también se cataloga como una fuente energética, utiliza dentro de su matriz de generación, la energía térmica que utiliza gas y carbón para su generación.
  2. Si deseamos que Colombia realice una transición energética de fondo a fuentes más limpias y renovables de energía, debemos comenzar por convencer a los sectores de mayor impacto energético, que para el caso colombiano son el sector transporte, seguido del sector industrial y finalmente el residencial.
  3. En especial, debe ponerse especial atención al sector transporte que utiliza un 39% de petróleo como fuente energética y al sector industrial que utiliza un 6.96% de carbón como fuente energética sobre el total energético nacional.

Con la expedición de la Ley 1964 de 2019,“por medio de la cual se promueve el uso de vehículos eléctricos en Colombia y se dictan otras disposiciones”, nuestro legislador apunta en la dirección correcta para una correcta transición en función del sector que mayor consumido de energía tiene en el país. Sin embargo, de una lectura profunda a dicha ley, consideramos que esta se queda corta, es tímida, limitada y no responde al reto que tiene el país, pues su eje central se enfoca en el estímulo al uso de vehículos con fuentes alternativas, pero no contiene una clara política pública de sustitución de la totalidad parque automotor, tanto público como privado.

La ley limita su aplicación a la disminución de impuestos, la eliminación de restricciones o limitantes de circulación a manera de estímulo, pero la única medida realmente encaminada a la eliminación de los vehículos a gasolina se encuentra en el artículo 8 que prevé que dentro de los seis (6) años siguientes a la entrada en vigencia de la ley, el Gobierno Nacional y las Entidades Territoriales [2], deberán cumplir con una cuota mínima del treinta (30) por ciento de vehículos eléctricos en los vehículos que anualmente sean comprados o contratados para su uso, teniendo en cuenta las necesidades de cada entidad y la infraestructura con que cuenten. Adicionalmente, el parágrafo tercero del mismo artículo prevé que las ciudades que cuenten con Sistemas de Transporte Masivo deberán implementar políticas públicas y acciones tendientes a garantizar que un porcentaje de los vehículos utilizados para la operación de las flotas, sean eléctricos o de cero emisiones contaminantes cuando se pretenda aumentar la capacidad transportadora de los sistemas, cuando se requiera reemplazar un vehículo por destrucción total o parcial que imposibilite su utilización o reparación y cuando finalice su vida útil y requiera reemplazarse, de acuerdo con el siguiente cronograma:

A partir de 2025

Mínimo el diez (10) por ciento de los vehículos adquiridos.

A partir de 2027

Mínimo el veinte (20) por ciento de los vehículos adquiridos.

A partir de 2029

Mínimo el cuarenta (40) por ciento de los vehículos adquiridos.

A partir de 2031

Mínimo el sesenta (60) por ciento de los vehículos adquiridos.

A partir de 2033

Mínimo el ochenta (80) por ciento de los vehículos adquiridos.

A partir de 2035

Mínimo el cien (100) por ciento de los vehículos adquiridos.

Como se observa, esta es una norma limitada únicamente al transporte público, llena de excepciones y dilatada en el tiempo.

En contraste, otros países como por ejemplo el Reino Unido, tienen metas de sustitución del 100% de la totalidad del parque automotor para el año 2030. Así las cosas, Boris Johnson anuncio que tras extensas reuniones con fabricantes de vehículos para el año 2030 prohibirá la venta de carros nuevos con motores Diesel y de Gasolina. El Estado de California, anuncio que prohibirá la venta de carros nuevos a gasolina en dicho estado a partir del 2035 [3].

Si el mundo se encamina a la eliminación de los vehículos con motores Diesel y de Gasolina, Colombia deberá encaminar sus esfuerzos en dicha dirección pues es improbable que los fabricantes de automóviles manufacturen carros a Diesel/Gasolina solo para países tercermundistas cuando los principales compradores ya no los acepten, en otras palabras con regulación o sin ella, la transición energética en materia de transporte llegara más pronto que tarde.

¿Nuestro país se encuentra preparado para este cambio?

Si miramos las fuentes de generación de Energía Eléctrica en Colombia [4], nuestro país cuenta con una de las matrices de generación eléctrica más limpias del mundo. Según el informe presentado en junio de este año al Congreso por parte del Ministerio de Minas y Energía, cerca del 70% de la energía eléctrica que consume el país proviene de fuentes hídricas, 12,3% de termoeléctricas que utilizan gas natural para su operación, un 9,3% de térmicas a carbón, un 7,8% se genera a partir de combustibles líquidos como la gasolina y el diésel y un 1% a partir de fuentes no convencionales de energías renovables como la solar y la eólica.

Teniendo en cuenta las anteriores cifras de contribución de cada fuente a la matriz energética nacional, podemos concluir que la contribución de la energía térmica generada con gas es importante y que debería crecer cada día más, para reemplazar aquella producción a partir del carbón, de gasolina y diesel, y ser además el combustible de respaldo para aquella producción con fuentes renovables en el futuro.

En el informe presentado por el Ministerio de Minas y Energía al Congreso de la Republica en junio de 2020 se señala claramente que hoy tenemos unas reservas de gas declinantes verticalmente y una producción estimada para 7 años únicamente; sin expectativas de cambio en el corto y mediano plazo a raíz de las interminables discusiones sobre la exploración y explotación de yacimientos no convencionales y el lento progreso de la exploración offshore. Veamos:

La escases de gas que se prevé en Colombia acarrea un grave problema de suministro de energía, pues al incremento en el consumo de energía eléctrica que se vendrá por la transición de los vehículos a energía eléctrica y gas, se le suma el problema de la migración de por lo menos el 17% del parque térmico basado en carbón y combustibles líquidos a energías más limpias. Sin entrar siquiera a discutir el riesgo de dependencia de la hidrología del sistema muy susceptible a los veranos y al cambio climático.

Mientras la transición de las energías a base de Gasolina y Diesel a energía más limpias necesarias para el transporte está a la vuelta de la esquina en el mundo, el país todavía sigue en discusiones sobre la conveniencia o no de la exploración y explotación de yacimientos no convencionales, cuando irónicamente esa es la manera más ágil, eficiente y económica de lograr la transición energética a energías más limpias a través del gas.

El reto en la transformación e incremento de la matriz eléctrica nacional a energías más limpias es grande y costoso y no se ven señales claras de que el país esté en capacidad de asumir dicho reto. Consideramos que es mayor la necesidad de un compromiso político que la necesidad de cambios legislativos y regulatorios para poder realizar la transición.

En nuestro concepto, la transición energética debe estar ligada a la eficiencia, no solo en el consumo, sino también en los recursos y su disponibilidad en el futuro mediato. Es necesario por tanto abrir la discusión a que tan eficiente es dedicar recursos en Colombia a la búsqueda de hidrocarburos, incluyendo gas, cuando no existe voluntad política para dicha búsqueda, y la misma puede tardar en dar frutos más de 10 años; mientras el resto del mundo espera en los mismos 10 años ya estar consumiendo únicamente energías provenientes de fuentes renovables.

Un estudio de Carbon tracker [5] señala que el cambio de modelo podría generar un ahorro anual en los mercados como China y los demás países emergentes de aproximadamente 250 millones de dólares para el 2030 y un incremento en la demanda de hidrocarburos menor al 70% de aquel previsto inicialmente. Con lo cual la pregunta que deberíamos hacernos en Colombia es ¿si vale la pena dedicar nuestras energías a discusiones teóricas sobre la conveniencia o no del Fracking y sobre como desarrollar exploración de gas offshore en las que podemos enfrascarnos por muchos años o redireccionamos nuestros esfuerzos en la implementación de energías renovables?

Acaso no es esto es lo que están pensando las compañías petroleras en un horizonte de 10 años, al incluir en su misión y visión ser compañías de energía, reduciendo su exploración de hidrocarburos para direccionar estos recursos en energías renovables.

Esperamos que nuestro gobierno no fallezca en el intento y quedemos en el peor de los mundos, sin crudo, ni gas y sin fuentes de energía renovable.

 

 

[1]https://www1.upme.gov.co/DemandaEnergetica/PEN_documento_para_consulta.pdf
[2] Con excepción de Tumaco y Buenaventura.
[3] Periódico El tiempo, noviembre 22 del 2020
[4]https://www.minenergia.gov.co/documents/10192/24226685/MemoriasCongresoMME-2020.pdf
[5] https://www.portafolio.co/internacional/carros-electricos-en-paises-emergentes-acabaran-la-era-del-petroleo-546840

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